CULTURA
COCHABAMBA, BOLIVIA (ANB / Los Tiempos).- Al sur de Cochabamba, en la localidad de Omereque, el majestuoso vuelo de la Paraba Frente Roja (Ara rubrogenys), una especie endémica y en peligro de extinción, se ha convertido en el principal imán turístico de la región. Pero no es el único tesoro que este territorio guarda. En los alrededores del río Mizque, pinturas rupestres y antiguas ruinas permanecen casi en silencio, resguardando un patrimonio milenario que aún tiene mucho por contar. Para el arqueólogo Ricardo Céspedes, este legado podría convertirse en una oportunidad clave para el turismo cultural.
Céspedes,
quien ha trabajado en la zona desde la década de 1980, sostiene que Omereque es
una de las regiones más interesantes del país en términos arqueológicos por la
variedad de cerámica, pinturas rupestres y restos arquitectónicos que alberga.
“La
importancia de Omereque comienza en la arqueología. Ya en el año 82 se
describió la cultura Omereque y se revisó su potencial, encontrando numerosas
pinturas rupestres, como representaciones de camélidos en el sector de
Ventanas, y en Pukara, cerca de la comunidad de San Carlos, donde la
iconografía permite entender cómo se desarrollaban estas culturas”, señaló
Céspedes
Entre
esas manifestaciones destacan los anfibios, cuya presencia en las pinturas
rupestres revela el profundo conocimiento que estas culturas tenían sobre su
entorno. Según Céspedes, estos animales cumplían un papel sustancial para
anticipar los ciclos naturales. “Cuando aparecían muchas ranas o sapos
concentrados en un solo lugar, sabían que no habría lluvias; en cambio, cuando
no los veían, era señal de una buena época”.
Este
comportamiento, explica, responde a la propia dinámica de estas especies: en
periodos de sequía se agrupan en zonas húmedas, mientras que en épocas de
lluvia se dispersan. Y esos saberes quedaron grabados en imágenes “que se
pueden encontrar a lo largo de todo el río Mizque”.
Tunas
M´oko y Pukara, la ruta arqueológica imprescindible
Tunas
M’oko es uno de los puntos fundamentales para entender el pasado de Omereque.
Este sitio de antiguas murallas de piedra se encuentra en una colina cercana a
la comunidad de San Carlos, a siete kilómetros al sureste de la población. La
fortaleza, una de las mejor conservadas de la región, forma parte de la Reserva
Natural Comunitaria de la Paraba Frente Roja, que alberga la mayor colonia
reproductiva de esta especie endémica de Bolivia y críticamente amenazada.
Esta
combinación convierte al lugar en una parada obligatoria: quienes llegan
atraídos por la observación de aves también pueden acceder a un sitio
arqueológico de gran valor, donde se entrelazan naturaleza y memoria ancestral.
“Gracias
al trabajo de Armonía se comenzó a valorar la importancia ecológica del lugar y
se identificó este farallón. A partir de esas gestiones se consolidó como un
parque natural que alberga un sitio arqueológico clave: Tunas M’oko, una ruina
aún no intervenida”, comentó Céspedes.
Según
la Guía arqueológica de Omereque, escrita por Céspedes junto a Armonía, en la
cima de este sitio milenario “hay restos de construcciones y cimientos de
habitaciones, encontrándose pocos restos culturales, lo que hace suponer que
esta fortaleza solamente era usada cuando se producían invasiones de otras
etnias a la región. (…) En ellas se construyeron silos de almacenaje y terrazas
agrícolas que permitían mantener a los refugiados durante varios meses cuando
eran sitiados por los enemigos que ingresaban por los márgenes del río Mizque”.
Otro
punto fundamental de esta ruta es el cerro Pucara, ubicado en la orilla norte
del río Mizque. Allí se observan construcciones ceremoniales, viviendas de
importantes personajes y, en el sector sur, pinturas rupestres de lagartos,
figuras humanas y astros en tonos rojo carmín, rojo oscuro y naranja, que
amplían la comprensión del universo simbólico de estas culturas.
La
relación “mágica” entre la willca y la cerámica de Omereque
“Una
de las cosas más interesantes que ocurrió en Omereque fue el uso de la Willca”,
dijo Céspedes, a tiempo de explicar que se trata de una planta cuya semilla
tiene propiedades alucinógenas y que, durante la época Omereque, se empleaba en
rituales religiosos para establecer contacto con los dioses. “Esto, por
ejemplo, se refleja en las cucharas de rapé que utilizaban para consumir este
polvo”, añadió.
El
uso de la Willca no era exclusivo de esta región. Su presencia se extiende
desde Argentina hasta el Orinoco, como parte de prácticas rituales en distintas
culturas. Sin embargo, en Omereque este elemento adquiere una particular
relevancia, ya que, según Céspedes, podría estar vinculado con el carácter
polícromo y abstracto de su cerámica, posiblemente influida por las
experiencias alucinógenas asociadas a esta planta.
La
apuesta por un turismo de conocimiento
Actualmente,
el flujo de visitantes en Omereque se concentra en la observación de aves. Sin
embargo, Céspedes plantea ampliar la oferta hacia un turismo de conocimiento
que integre la riqueza arqueológica, natural y cultural del territorio. “Lo más
importante es que se conozca todo”, señaló.Este enfoque, a decir de Céspedes,
permitiría diversificar la actividad turística y generar nuevas oportunidades
económicas para las comunidades locales, especialmente en contextos donde la
agricultura no es constante.
“Por
ejemplo, existe una planta que se utilizaba para fabricar cucharas. Podemos
aprovechar estos recursos para que los turistas no solo accedan a la
conservación del entorno, sino también a productos hoy olvidados. A partir de
la información arqueológica, es posible recuperar estos saberes y convertirlos
en una oportunidad para atraer turismo y generar ingresos”.
Para
ello, concluye, es fundamental fortalecer la conciencia sobre el valor del
patrimonio: “Queremos que los propios omerequeños se apropien de su cultura”.

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