CIENCIA GLOBAL
LA PAZ, BOLIVIA (ANB / Información de DW Noticias).- Durante horas, John Spiesberger pensó que su programa estaba fallando. Los números eran absurdos. El problema era que el océano estaba haciendo algo mucho más extraño de lo que esperaba.
Frente
a las costas de Massachusetts, en Estados Unidos, un oceanógrafo se encontró
con un resultado inesperado que terminó conectando la acústica submarina con la
relatividad especial. El motivo era desconcertante, ya que, en determinadas
circunstancias, el canto de una ballena parecía propagarse a una velocidad muy
superior a la habitual del sonido en el agua.
¿Un
canto de ballena imposible?
Todo
empezó como un problema técnico. John Spiesberger, investigador visitante de la
Universidad de Pensilvania, trabajaba en un programa para calcular con
precisión la velocidad del sonido bajo el agua, un dato fundamental para
localizar ballenas a partir de las señales captadas por varios hidrófonos
repartidos por el fondo marino.
Cuanto
mejor se conozca esa velocidad, con más exactitud se puede determinar dónde se
encuentra el animal que emitió el sonido, algo útil para la investigación
biológica y para mejorar el seguimiento de estos animales.
Sin
embargo, los números que arrojaba el programa no tenían sentido. "La
primera vez, obtuvimos una cifra que rondaba los 1.000 metros por
segundo", contó Spiesberger, muy por debajo de los 1.500 metros por segundo
a los que suele viajar el sonido en el agua de mar. "Y luego, más
adelante, obtuve valores que en ocasiones alcanzaban los 3.000 metros por
segundo. Inmediatamente pensé que había un error en mi programa".
El
secreto está en las ondas
La
primera sospecha recayó en el programa, pero al comprobar su funcionamiento
Spiesberger descartó que aquellas cifras fueran consecuencia de un error
informático. La explicación estaba en el recorrido del sonido.
Cuando
la ballena se encuentra cerca de la superficie, el sonido puede alcanzar el
hidrófono por caminos distintos: una parte llega sin desvíos y otra lo hace
después de reflejarse en la superficie del agua. Al superponerse, ambas ondas
generan lo que los físicos llaman "interferencia temporal", un efecto
similar al que podía debilitar la recepción de antiguas señales de televisión
cuando dos ondas llegaban desincronizadas a la antena.
Lo
curioso es que esa interferencia no acelera realmente el sonido, aunque puede
hacer que la señal parezca propagarse a una velocidad supersónica. "El
efecto parece una violación de las leyes de la física", admitió
Spiesberger, "pero no lo es".
Einstein
entra en escena
Aquí
es donde entra Einstein. La relatividad especial establece que la información
no puede propagarse más rápido que la luz en el vacío. Sin embargo,
determinadas combinaciones de ondas pueden hacer que un pico de la señal
parezca desplazarse extraordinariamente rápido sin que la información viaje más
rápido que la luz.
La
clave está en cómo se combinan las dos señales. La directa y la reflejada
llegan desfasadas y, al interferir entre sí, pueden adelantar el momento en que
aparece el pico de máxima intensidad. Ese desplazamiento altera el tiempo
aparente de llegada de la señal y puede dar lugar a cálculos de velocidad
anómalos, aunque el sonido no se haya propagado realmente más rápido.
Por
eso, aunque el resultado suene espectacular, no abre la puerta a mensajes que
viajen al pasado. "No puedes usar este truco para enviar un mensaje a tu
yo del pasado para que apueste en bolsa", bromeó Spiesberger. "La
causalidad no se ve alterada".
De
la teoría al experimento
El
trabajo, firmado junto al Dr. Eugene Terray, del Instituto Oceanográfico de
Woods Hole, y publicado en Physical Review E, ofrece una descripción matemática
más rigurosa de cómo la interferencia temporal puede hacer que la posición del
pico de energía parezca desplazarse a velocidad supersónica.
El
siguiente objetivo es comprobar el efecto fuera de las simulaciones. Para poner
a prueba la idea, Spiesberger quiere recrear en tierra esas dos trayectorias,
utilizando una superficie dura como elemento reflector. Si consigue observar el
efecto con sonido, la misma idea podría ponerse después a prueba con luz
mediante un experimento con láseres.

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