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domingo, 23 de agosto de 2026

LA AJAM QUEDA BAJO PRESIÓN EN LA ASUNTA Y ADMITE DIFICULTADES PARA FISCALIZAR LA MINERÍA IRREGULAR

MINERÍA ILEGAL


LA ASUNTA, BOLIVIA (ANB / El Deber).-
El conflicto en el río Boopi expone las limitaciones operativas de la entidad, que asegura que retomará las inspecciones para establecer si las actividades denunciadas cuentan con autorización.

El conflicto registrado en el municipio de La Asunta, donde pobladores denunciaron presuntas actividades de minería ilegal en inmediaciones del río Boopi, volvió a poner bajo presión a la Autoridad Jurisdiccional Administrativa Minera (AJAM), que reconoce que sus capacidades operativas son limitadas para fiscalizar un territorio extenso y dar respuestas oportunas a las comunidades.

 

La propia entidad admitió semanas atrás que enfrenta restricciones de personal y recursos técnicos para atender las denuncias de actividades mineras irregulares. En julio, su director ejecutivo nacional, Jaime Sanabria, explicó que las acciones de fiscalización en La Asunta habían enfrentado dificultades debido a los conflictos sociales registrados en el país y a las limitaciones de recursos humanos y técnicos.

 

“El territorio boliviano es muy grande y los recursos con los que contamos son limitados”, reconoció Sanabria, aunque aseguró que esa situación no impedirá que la institución cumpla con sus competencias y retome las acciones de control.

El problema adquirió una nueva dimensión este sábado, cuando integrantes de las Federaciones de Varones y Mujeres de La Asunta se trasladaron hasta el sector del río Boopi para denunciar una presunta explotación minera ilegal atribuida a una empresa de origen chino. La protesta derivó en enfrentamientos con otro grupo de vecinos que respaldaba las actividades desarrolladas en el lugar. Hubo personas heridas y posteriormente fueron quemados vehículos y maquinaria minera. La Policía y la Fiscalía llegaron al sector para intervenir y comenzar las investigaciones.

 

El episodio dejó además en evidencia la brecha entre las denuncias de los pobladores y la capacidad de la autoridad encargada de verificar la legalidad de las operaciones mineras.

 

En un pronunciamiento conocido este domingo, la AJAM señaló que tomó conocimiento de los hechos registrados en La Asunta a través de redes sociales y que ahora coordina con la Policía Boliviana y el Ministerio Público para evaluar las acciones que correspondan de acuerdo con las competencias de cada institución.

La entidad sostiene que una inspección técnica es indispensable para determinar si las actividades denunciadas son legales o ilegales. Esa verificación debe establecer si existe un derecho minero otorgado y si las operaciones cumplen las exigencias establecidas por la normativa.

 

El antecedente resulta relevante porque la propia AJAM había anunciado en julio una inspección en La Asunta, precisamente a raíz de denuncias sobre movimientos de tierra y posibles actividades mineras que no cumplirían con la normativa. En esa oportunidad, Sanabria señaló que la institución realizaría una inspección previa para establecer la legalidad de las operaciones y verificar el cumplimiento de las normas mineras y ambientales.

 

Una capacidad de control que ya mostró sus límites

La situación de La Asunta no es un hecho aislado dentro de las dificultades que enfrenta la autoridad minera para controlar las actividades no autorizadas.

Según la memoria institucional de la AJAM, durante 2024 la entidad recibió 203 denuncias por presunta minería ilegal, realizó 101 inspecciones in situ y presentó 44 denuncias penales ante el Ministerio Público.

 

En un balance correspondiente al periodo 2021-junio de 2025, la institución informó además de 270 inspecciones y siete operativos contra la minería ilegal en 96 municipios del país. En el departamento de La Paz se contabilizaron 72 inspecciones, de las cuales siete correspondieron a La Asunta.

 

Estos datos muestran que La Asunta ya figuraba dentro del mapa de intervenciones de la autoridad minera. Sin embargo, las nuevas denuncias y el conflicto ocurrido en el río Boopi evidencian que las acciones de fiscalización no han logrado despejar las dudas de los pobladores sobre la legalidad de determinadas operaciones.

Para los comunarios que cuestionan la actividad minera, la falta de una respuesta institucional oportuna se convirtió en uno de los argumentos para intervenir directamente en el campamento señalado.

 

La autoridad minera, entretanto, deberá determinar técnicamente qué actividades cuentan con autorización y cuáles operan al margen de la normativa. Si se comprueba la existencia de minería ilegal, la AJAM señala que corresponde aplicar las medidas previstas por ley y remitir los antecedentes a las instancias competentes.

 

El desafío inmediato será recuperar la capacidad de fiscalización en una zona donde el conflicto social ya escaló y donde existen versiones contrapuestas entre los pobladores. La intervención anunciada por la AJAM, en coordinación con la Policía y la Fiscalía, tendrá no solo que establecer la situación jurídica de las operaciones mineras, sino también contribuir a devolver certidumbre a una población que reclama conocer quién puede explotar legalmente los recursos minerales en su territorio.

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