CIENCIA GLOBAL
PANDO, BOLIVIA (ANB / Información de DW Noticias).- Bajo el polvo lunar podría dormir la prueba de que no estamos solos: fragmentos microscópicos capaces de resistir miles de millones de años, testigos silenciosos de tecnologías anteriores a la humanidad.
¿Y
si la próxima pista sobre vida inteligente fuera de la Tierra no llegara del
espacio en forma de señal de radio, sino que estuviera escondida en un puñado
de polvo lunar?
Esa
es la idea que explora un equipo liderado por Lewis Pinault, investigador
asociado del Instituto SETI, que propone buscar diminutos restos de posible
tecnología extraterrestre que podrían haberse acumulado en la superficie lunar
durante miles de millones de años.
El
trabajo, disponible como preimpresión en arXiv y enviado a la revista
International Journal of Astrobiology, es, según el Instituto SETI, el primero
en poner cifras a la posibilidad de que estas "tecnofirmas" se hayan
conservado en el suelo lunar.
La
lógica de fondo es casi estadística. La Vía Láctea carga con unos 13.000
millones de años de historia, durante los cuales podrían haber surgido y desaparecido
civilizaciones enteras. Ahí está el problema de buscar únicamente señales de
radio: sus emisiones tendrían que llegar hasta nosotros en un momento en el que
pudiéramos detectarlas. Los restos físicos de su tecnología, en cambio, podrían
perdurar mucho después de su desaparición.
¿Por
qué la Luna y no la Tierra?
A
simple vista, la Tierra parece un blanco mucho más grande para que caiga
cualquier resto espacial, pero es precisamente su actividad la que juega en
contra, pues el agua, la atmósfera y la tectónica de placas pueden erosionar,
transformar o enterrar los materiales acumulados durante largos períodos.
La
Luna, en cambio, reúne unas condiciones mucho más favorables para conservar
estos materiales. Su superficie lleva unos 4.000 millones de años recibiendo
partículas del Sistema Solar y del espacio interestelar. Parte de ese material
puede permanecer allí durante períodos extraordinariamente largos, ofreciendo a
los investigadores una ventana al pasado de la galaxia.
Además,
la Luna no solo acumula ese material, sino que también puede ayudar a
conservarlo. Los impactos de micrometeoritos remueven constantemente su
superficie, un proceso conocido como "jardineo por impacto", que
puede enterrar pequeñas partículas hasta unos pocos metros de profundidad,
donde quedarían parcialmente protegidas de la radiación cósmica.
Tecnofirmas:
partículas de Arkhipov y Bracewell
La
idea de buscar estos restos no es nueva. Ya en los años noventa, el astrónomo
ucraniano Oleksiy Arkhipov sugirió que residuos tecnológicos de otras
civilizaciones podrían viajar a la deriva por el espacio interestelar y
depositarse en superficies estables como la Luna, según recuerda SciNews. Pinault
y su equipo retoman y amplían esa hipótesis con un marco cuantitativo inédito,
y distinguen entre dos clases de partículas hipotéticas.
Las
primeras, bautizadas "partículas de Arkhipov" en su honor, serían
residuos industriales involuntarios, como los fragmentos que podrían
desprenderse con el tiempo de una megaestructura tipo enjambre de Dyson,
escapar de su sistema estelar y acabar llegando hasta el nuestro.
Y
nuestro Sistema Solar podría haberse cruzado con ellos en alguno de sus viajes
por la galaxia: según Universe Today, el Sol tarda unos 230 millones de años en
completar una órbita alrededor del centro de la Vía Láctea, por lo que sus
sucesivos recorridos habrían ofrecido oportunidades de encontrarse con
partículas procedentes de otros sistemas estelares.
Las
segundas, las "partículas de Bracewell" –por el físico Ronald
Bracewell–, son mucho más especulativas. Se trataría de micro-sondas enviadas
deliberadamente por otras civilizaciones para explorar o registrar información,
una suerte de "polvo inteligente".
El
viaje interestelar hasta el regolito lunar
Llegar
hasta la Luna, sin embargo, es un obstáculo mayúsculo. Según los cálculos del
estudio publicado en arXiv, ciertos granos de materiales refractarios como
cerámicas avanzadas, grafeno o superaleaciones de titanio y tungsteno, podrían
resistir el viaje interestelar. Los modelos contemplan partículas con radios
del orden de 0,3 micras capaces de recorrer miles de años luz durante períodos
de entre cien millones y mil millones de años.
Pero
superar el viaje interestelar no bastaría: las partículas también tendrían que
llegar a la Luna a velocidades suficientemente bajas para no destruirse durante
el impacto. Según explica Universe Today, velocidades superiores a 5 km/s
provocarían su vaporización en el escenario descrito. Los modelos sugieren que
la presión de la radiación solar y el filtrado de la heliosfera podrían
favorecer la llegada de una pequeña fracción de granos capaces de sobrevivir al
choque.
El
desafío práctico, una vez ahí, es descomunal, y las cifras lo dejan claro:
según Universe Today, un metro cúbico de suelo lunar pesa alrededor de 1,5
toneladas y contiene más de un billón de granos de tamaño micrométrico.
Encontrar entre ellos una posible tecnofirma exigiría un trabajo de análisis
imposible de realizar a mano.
Por
eso el equipo plantea apoyarse en inteligencia artificial, combinando
microscopía electrónica de barrido con modelos de visión artificial como
YOLO-ET para señalar partículas anómalas, que luego pasarían por análisis
forenses de laboratorio.
Próximas
misiones lunares podrían ponerlo a prueba
Lo
interesante es que incluso no encontrar nada tendría valor científico. Según el
estudio de arXiv, si los investigadores analizaran un metro cúbico de suelo
lunar sin hallar rastros de tecnología extraterrestre, podrían establecer
límites a la cantidad de residuos dispersados por posibles civilizaciones de
otros sistemas estelares.
En
concreto, según los supuestos del modelo, ese resultado permitiría descartar
determinados escenarios en los que estrellas similares al Sol hubieran
dispersado típicamente más de unas 0,10 masas terrestres de residuos
artificiales duraderos durante la historia galáctica. Eso no demostraría que
estamos solos, pero sí permitiría acotar determinados escenarios sobre la
actividad tecnológica extraterrestre.
Esa
comprobación podría no estar tan lejos. Tanto el programa Artemis de la NASA
como las misiones chinas Chang'e y las iniciativas comerciales podrían aportar
nuevas muestras de suelo lunar donde buscar estos posibles rastros
tecnológicos. Como resumió Bill Diamond, presidente del Instituto SETI, se
trata de una metodología "extraordinariamente original y sumamente razonable"
para buscar señales de tecnología más allá de nuestro sistema solar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
ANBOLIVIA te invita a ser el quinto poder, opina...con respeto
DEJA TU OPINIÓN EN:
TW: @ANBOLIVIA
TW: @ANBdigital
F: https://www.facebook.com/anboliviadigital