CONTRA LA LEY 1720
LA PAZ, BOLIVIA (ANB / SUMANDO VOCES / Por Yenny Escalante y Patricia Cusicanqui).- Con dificultades para respirar, malestar en todo el cuerpo y las rodillas y los pies hinchados y con heridas, un primer grupo de indígenas y campesinos que se movilizan en contra la Ley 1720 llegó a La Paz tras 24 días de caminata.
El arribo se produjo en la víspera. Al agotamiento y
la debilidad generalizada de sus cuerpos se suman el dolor de cabeza y la falta
de aire, síntomas propios del mal de altura, que se ha convertido en el
principal problema de salud de este grupo compuesto, en su mayoría, por
habitantes de las tierras bajas.
Cerca de la tranca de Urujara, en la Sede Integral
Productiva Suma Khamaña, cientos de hombres, mujeres y algunos niños descansan
e intentan reponerse.
Escarlet Aramayo, de 51 años de edad, dejó a sus seis
hijos en su comunidad, ubicada en la provincia Vaca Diez del Beni, donde
produce arroz, yuca, plátano y caña para subsistir. Su mayor temor es que la
norma facilite que los terratenientes se hagan de nuevas tierras en detrimento
de los territorios indígenas.
Con la voz entrecortada relata que el viaje ha sido
muy duro: “Grave ha sido la caminata, es algo doloroso para nosotros venir de
tierras bajas a tierras altas, no es algo bonito, hace más de 22 días que hemos
caminado, pasando frío, hambre, bajo la lluvia, con los pies todos ampollados,
pero estamos aquí para defender nuestros derechos, nosotros vivimos de la
tierra, de lo que cultivamos. Le pedimos al Gobierno sea más flexible con la
norma”.
Hay quienes beben mate de coca para contrarrestar los
males, pero algunos no logran sostenerse de pie, y mientras Sumando Voces
estuvo en el lugar, una ambulancia tuvo que evacuar a cuatro personas que
apenas podían sostenerse; uno de ellos incluso tuvo que ser auxiliado con
oxígeno para respirar mejor.
Están distribuidos en varios pisos del inmueble y la
falta de colchones y frazadas hace que se vean obligados a descansar en el
suelo, cubiertos con lo que tienen a mano. Pasan frío y muchos no pueden hablar
por la irritación en la garganta.
Khaterine Gutiérrez, médica voluntaria que llegó al
lugar para prestar su ayuda a los enfermos y afectados, socorre a quienes
necesitan cuidados. Ella y otros galenos y enfermeros atendieron a unas 200
personas entre ayer y hoy.
“Por el tema de altura hay muchos descompensados y
sufren dolores de cabeza leves. Otros tienen problemas estomacales, son
pacientes de toda edad. Es un gusto apoyar a los hermanos que necesitan ayuda,
el servicio médico siempre debe estar con ellos”, dice.
El mal de altura no es lo único que les afecta. Con ampollas abiertas y callos, los pies de los
marchistas cuentan también lo duro que fue el recorrido desde que partieron el
8 de abril. Estas lesiones, así como la hinchazón de las rodillas les impide caminar
o les obliga a hacerlo con dificultad.
El polvo y el frío han lastimado las gargantas de
muchos, en especial de las mujeres, que se oyen roncas y no pueden hablar por
la inflamación. También les cuesta deglutir, por eso piden que les cooperen con
sopas o caldos que sacien su hambre sin que les duela al tragar.
Llega apoyo, pero es insuficiente
Afuera del recinto que les acoge se ha instalado un
punto de acopio, un letrero permite ubicarlo con facilidad. Grupos de
voluntarios organizan la ayuda para que se distribuya de manera equitativa.
Pero la mayor demanda es evidente: frazadas y ropa abrigada, alimentos
calientes y medicamentos que les ayuden a paliar el dolor y los efectos de la
altura.
Aseguran que su paso por La Paz no ha de ser fugaz y
reiteran que no se irán sino hasta que la Ley 1720 haya sido abrogada, porque
la ven como una amenaza contra la propiedad individual y colectiva y porque
temen que también impacte en el medio ambiente, en su cultura y en sus
tradiciones.
“Nos encontramos acá con una sola causa: ejercer
nuestros derechos. El Gobierno vulnera los derechos al aprobar una ley sin
consulta previa. Se dice que esta norma no nos afecta como indígenas
campesinos, pero obtener créditos mediante esta ley es muy difícil porque la
tierra no siempre produce bien y al no poder pagar la deuda, el banco se
quedará con lo que tenemos; con eso, los grandes empresarios se comprarán
nuestras tierras, alimentando el latifundio, y nosotros vamos a tener que dejar
nuestro hábitat”, explica Óscar Cardozo, dirigente indígena del Norte
Amazónico.
Por ahora, este primer grupo aguardará la llegada de
la otra parte de la columna que aún se dirige hacia La Paz. Se prevé que
ingresen este lunes 4 de mayo.
Dale clic a la flecha y ve las imágenes del refugio
donde se hospedan los marchistas. Fotos: Sumando Voces.
Los cuestionamientos a la norma
La protesta —denominada Marcha por la defensa de los
Bosques de la Amazonía y la Seguridad Jurídica de los Territorios— partió hace
24 días desde el norte amazónico con demandas estructurales sobre territorio,
leyes agrarias y condiciones económicas.
La movilización demanda la abrogación de la norma que
autoriza la conversión de la pequeña propiedad agraria. Indígenas y campesinos
argumentan que es inconstitucional, pues viola al menos cuatro artículos de la
Carta Magna y se constituye en una amenaza para la propiedad individual y
colectiva.
En el primer caso, temen la expropiación de los
predios que vayan a ser hipotecados en los bancos, pues una de las finalidades
de la ley es que, una vez realizada la conversión, los propietarios recurran al
sistema financiero para potenciar la producción y se vean impedidos de pagar
sus deudas.
En cuanto al impacto que esto tendrá en la propiedad
colectiva, se teme que el cambio de matriz productiva y la mercantilización de
las tierras (destinadas a la producción de subsistencia) altere el entorno
cultural.
Las y los movilizados también reclaman que la norma no
haya sido consensuada, como establece una convención internacional (Convenio 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas y
Tribales en Países Independientes).
Por su lado, el Gobierno sostiene que la conversión no
es obligatoria, sino voluntaria, y que la Ley 1720 no viola la Carta Magna ni
afectará a las propiedades colectivas. Según el Ejecutivo, esta es una
oportunidad de desarrollo para los propietarios individuales ya que podrán
obtener créditos para fortalecer la producción.
El Ejecutivo envió varias comitivas para dar alcance a
los marchistas e instalar diálogos acerca de la norma, pero sin negociar la
abrogación.
Inicialmente, esta norma fue redactada y propuesta al
Legislativo por parte de asambleístas del Movimiento Al Socialismo (MAS). Como
su tratamiento no prosperó se quedó “dormida” durante al menos un par de años y
en esta nueva gestión fue repuesta por el senador de Libre, Branko
Marinkovic.

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