CIENCIA GLOBAL
EGIPTO (ANB / Información de DW).- ¿Y si la Gran Pirámide fuera miles de años más antigua de lo que creemos? Un estudio preliminar reabre el debate al proponer una datación muy anterior a la aceptada por la egiptología.
La
Gran Pirámide de Guiza es incuestionablemente antigua. Tan antigua que ya
estaba en pie cuando muchas de las bases de la civilización –como la escritura
o las ciudades– apenas llevaban unos pocos siglos desarrollándose. Y, sin
embargo, para algunos investigadores, siempre podría serlo un poco más.
Ahora,
un estudio preliminar ha vuelto a encender la polémica con una propuesta tan
llamativa como controvertida: la pirámide de Keops podría ser decenas de miles
de años más antigua de lo que sostiene la egiptología tradicional. Una hipótesis
que, aunque inevitablemente capta la atención, ofrece también numerosos motivos
para el escepticismo.
Para
ponerlo en perspectiva, basta recordar una comparación popularizada por el
medio científico IFL Science: Cleopatra vivió más cerca de la invención del
iPhone que del momento en que se colocó el último bloque de la Gran Pirámide.
Incluso dentro de la historia conocida, el monumento ya pertenece a un pasado
extraordinariamente remoto.
REM:
datación controvertida de la pirámide de Keops
La
nueva controversia parte del trabajo del ingeniero italiano Alberto Donini, de
la Universidad de Bolonia, quien presentó en enero de 2026 un artículo en el
que propone el llamado Método de Erosión Relativa (REM), una técnica poco
convencional para datar estructuras antiguas.
Según
sus cálculos, los patrones de erosión observados en la base de la pirámide
podrían apuntar a una fecha de construcción situada en el final del
Paleolítico, en torno al 22.916 a. C., muy lejos de la cronología generalmente
aceptada, que sitúa su edificación alrededor del 2560 a. C.
La
premisa del estudio es tan simple como arriesgada: la piedra se erosiona con el
paso del tiempo y, midiendo ese desgaste, sería posible estimar cuánto tiempo
ha permanecido expuesta a los elementos. Donini aplicó esta lógica a doce
puntos distintos de la base de la Gran Pirámide, en zonas donde todavía se
conservan tramos del pavimento original.
Aquí
entra en juego un dato histórico clave. Las piedras de revestimiento que
cubrían originalmente la pirámide fueron retiradas hace unos 675 años, tras el
gran terremoto de 1303 d. C. y durante el periodo mameluco, para ser
reutilizadas en construcciones de El Cairo. Como expone La Brújula Verde, este
episodio funcionaría como una suerte de "reloj natural": algunas
superficies de la base han estado expuestas durante milenios, mientras que
otras lo han estado solo desde la retirada del revestimiento. Comparando los
distintos grados de erosión entre unas y otras, sostiene, sería posible
extrapolar la antigüedad de las zonas más desgastadas.
Resultados
dispersos: entre 5.000 y 54.000 años de antigüedad
Los
resultados individuales del análisis, sin embargo, muestran una dispersión
extrema. Las estimaciones obtenidas van desde apenas 5.708 años hasta cifras
que alcanzan los 54.000 años. Al promediar todas las mediciones, según se lee
en el estudio, la media aritmética arroja una antigüedad de 24.916 años antes
del presente, lo que situaría la construcción de la pirámide en torno al 22.916
a. C.
A
partir de un análisis estadístico posterior, Donini calcula que existe un 68,2
% de probabilidad de que la pirámide se haya construido en algún momento entre
el 8954 a. C. y el 36.878 a. C., un margen temporal extraordinariamente amplio.
El
propio investigador reconoce numerosas fuentes de incertidumbre en su método.
El clima del antiguo Egipto era más húmedo que el actual, lo que pudo acelerar
la erosión en épocas remotas. En sentido contrario, factores modernos como la
contaminación atmosférica o el turismo masivo –con miles de visitantes diarios–
podrían haber intensificado el desgaste en los últimos siglos.
A
ello se suma otro elemento difícil de cuantificar: la arena del desierto pudo
cubrir y proteger periódicamente algunas superficies de piedra, alterando los
patrones de erosión a lo largo de milenios, de forma similar a lo que ocurrió
con la Esfinge.
"Considero
que los resultados calculados solo son indicativos del orden de magnitud del
período de construcción, y no de una fecha precisa", admite Donini, quien
subraya que las múltiples variables del método pueden generar desviaciones
importantes al alza o a la baja en algunas estimaciones.
Si
estos hallazgos se confirmaran, sus implicaciones serían profundas. Según esta
interpretación, el faraón Keops no habría construido la pirámide, sino que se
habría limitado a restaurarla y adjudicarse su autoría. En su interpretación
más extrema, Donini llega a sugerir la posible existencia de una civilización
previa, tecnológicamente capaz de levantar al menos la Gran Pirámide, hacia el
20.000 a. C., miles de años antes del surgimiento de la civilización egipcia
conocida.
El
peso de la cronología establecida
A
pesar de lo significativo que sería un cambio de tal magnitud, las propuestas
que alteran de forma drástica la cronología tradicional de la Gran Pirámide
deben evaluarse con cautela dentro de la egiptología, una disciplina que se
apoya en un marco cronológico construido a lo largo de décadas de investigación
acumulada.
Así,
en ese marco, la mayoría de los especialistas sitúa la construcción del
monumento en torno al 2560 a. C., durante la IV dinastía del Imperio Antiguo.
Esta
datación no descansa en una única línea de evidencia, sino en un conjunto
coherente y convergente de indicios. Entre ellos se incluyen cerámicas
características de la IV dinastía halladas en el complejo de Guiza,
herramientas de construcción, inscripciones contemporáneas y análisis de
radiocarbono realizados sobre materiales orgánicos –como semillas y restos
vegetales– procedentes de contextos arqueológicos bien documentados.
"Principalmente,
datamos las pirámides según su posición en el desarrollo de la arquitectura y
la cultura material egipcias a lo largo de un amplio periodo de unos 3.000 años",
explicaba el arqueólogo Mark Lehner en declaraciones a PBS, recogidas por IFL
Science. "No estamos trabajando con un punto de apoyo factual concreto en
Giza propiamente dicho. Estamos tratando básicamente con la totalidad de la
egiptología y la arqueología egipcia", añadía.
Una
perspectiva similar ha defendido el especialista en datación por radiocarbono
Thomas Higham, quien ha subrayado en distintas ocasiones que la solidez de las
fechas aceptadas se apoya en la convergencia de múltiples análisis
independientes. Según explicó a la BBC, muestras procedentes de contextos bien
conocidos –como la tumba de Tutankamón o la pirámide escalonada de Saqqara–
apuntan de forma consistente al mismo horizonte temporal, reforzando la
estabilidad del marco histórico establecido.
Un
"informe preliminar"
Por
ahora, la Gran Pirámide de Guiza permanece firmemente anclada en el siglo XXVI
a. C., durante la IV dinastía del Imperio Antiguo, tal como sostiene el
consenso arqueológico. Sin embargo, el estudio de Donini –que aún no ha pasado
por el proceso de revisión por pares– ha vuelto a colocar el foco sobre uno de
los monumentos más emblemáticos de la historia humana, reavivando un debate
que, dentro del ámbito académico, se consideraba ampliamente estabilizado.
No
obstante, aun cuando sus conclusiones resultan extraordinarias, el propio autor
insiste en la cautela. Se trata, subraya, de un "informe preliminar"
que requiere mediciones adicionales, refinamiento metodológico y, sobre todo,
verificación independiente antes de que sus implicaciones puedan evaluarse con
rigor.
Así,
mientras se aguardan nuevos estudios que confirmen –o desmonten– las propuestas
del Método de Erosión Relativa, la Gran Pirámide sigue recordando que incluso
los monumentos más estudiados del mundo antiguo aún son capaces de suscitar
grandes interrogantes.

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