CIENCIA GLOBAL
LA PAZ, BOLIVIA (ANB / Información de DW Noticias).- Una enana blanca en la Vía Láctea genera una espectacular onda de choque con diferentes colores que desafía los modelos actuales, dejando a los astrónomos sin una explicación clara.
Un
equipo de astrónomos observó una enana blanca —un remanente estelar compacto,
del tamaño de la Tierra— que genera una colorida onda de choque mientras se
desplaza por el espacio.
El
fenómeno, detallado en un estudio publicado en la revista Nature Astronomy,
sorprendió a los científicos porque desafía los modelos conocidos sobre este
tipo de sistemas.
"Encontramos
algo nunca antes visto y, lo más importante, totalmente inesperado",
explica el coautor principal Simone Scaringi, de la Universidad de Durham, en
un comunicado del Observatorio Europeo Austral (ESO).
Un
sistema binario localizado en la Vía Láctea
La
enana blanca, llamada RXJ0528+2838, forma parte de un sistema binario junto a
una enana roja de baja masa. Ambas estrellas orbitan a una distancia muy corta
—similar a la que separa la Tierra de la Luna— y completan una vuelta cada 80
minutos.
El
sistema se encuentra en la Vía Láctea, a unos 730 años luz de la Tierra, en la
constelación de Auriga.
La
intensa gravedad de la enana blanca arranca gas de su compañera. Ese material
es guiado por un campo magnético inusualmente fuerte hacia los polos magnéticos
del objeto.
Detalles
sobre la onda de choque y los colores
La
onda de choque, más específicamente una onda de proa, fue detectada con el Very
Large Telescope (VLT) del ESO, en Chile. En la imagen publicada, la estructura
brilla en distintos colores cuando el gas expulsado choca con el medio
interestelar.
"Una
onda de choque se crea cuando material que se mueve rápidamente impacta el gas
circundante, comprimiéndolo y calentándolo súbitamente. Una onda de proa es el
frente de choque curvado que se forma cuando un objeto se desplaza rápidamente
por el espacio, similar a la ola frente a un barco que avanza por el
agua", explica Scaringi.
"Los
colores provienen del gas interestelar que está siendo calentado y excitado por
la onda de choque. Diferentes elementos químicos brillan en colores específicos
cuando esto ocurre", añadió.
En
la imagen, el rojo corresponde al hidrógeno, el verde al nitrógeno y el azul al
oxígeno presentes en el espacio interestelar.
El
misterio de las ondas de choque sin disco de gas
Aunque
se han observado otras enanas blancas produciendo ondas de choque, todas tenían
discos de gas a su alrededor. RXJ0528+2838 no presenta ese disco, pese a estar
extrayendo material de su estrella compañera.
"La
sorpresa de que un sistema supuestamente silencioso y sin discos pudiera
impulsar una nebulosa tan espectacular fue uno de esos raros momentos que te
dejan boquiabierto", relata Scaringi.
"Nuestras
observaciones revelan una potente corriente de salida que, según nuestro
conocimiento actual, no debería estar ahí", añade el otro coautor Krystian
Iłkiewicz, del Centro Astronómico Nicolás Copérnico.
El
papel clave del magnetismo
Los
investigadores descartan que los mecanismos conocidos expliquen la expulsión de
gas necesaria para generar la onda de choque: "Cada mecanismo con gas
expulsado que hemos considerado no explica nuestra observación, y seguimos
desconcertados por este sistema, lo que hace que este resultado sea tan
interesante y emocionante", declara Scaringi.
La
hipótesis más probable apunta al campo magnético extremo de la enana blanca,
que estaría canalizando el material directamente hacia su superficie, sin
formar un disco intermedio.
"Nuestro
hallazgo demuestra que, incluso sin disco, estos sistemas pueden generar
potentes flujos de salida, lo que revela un mecanismo que aún no comprendemos.
Este descubrimiento cuestiona la visión estándar de cómo se mueve e interactúa
la materia en estos sistemas binarios extremos", apunta Iłkiewicz.
Un
fenómeno duradero y visible
La
forma y extensión de la onda de choque indican que el proceso lleva ocurriendo
por lo menos unos mil años.
"La
forma y longitud de la estructura (de la onda de choque) muestran que este
proceso ha estado ocurriendo durante al menos unos mil años, lo que lo
convierte en un fenómeno duradero y no en un evento aislado", destaca
Scaringi.
Más
allá del hallazgo científico, el fenómeno ofrece una lección más amplia:
"El espacio no está vacío ni es estático como podríamos imaginar
ingenuamente: es dinámico y está esculpido por el movimiento y la
energía", concluye el experto.
Editado
por Jose Urrejola, con información de Reuters, IFLScience, ESO y Nature
Astronomy

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