DATOS
CHUQUISACA, BOLIVIA (ANB / Iván Ramos - Periodismo que Cuenta).- Detrás de cada embarazo adolescente hay una historia que rara vez aparece en las estadísticas. Hay pupitres vacíos, sueños profesionales que se postergan, familias que cambian de rumbo y jóvenes obligadas a asumir una maternidad para la que, muchas veces, no estaban preparadas. En Chuquisaca, los registros oficiales muestran que el fenómeno sigue afectando cada año a cerca de un millar de adolescentes, aunque la tendencia comienza a descender.
Los datos del Sistema Nacional de Información en Salud – Vigilancia Epidemiológica (SNIS-VE) revelan que entre 2020 y 2025 se registraron 7.513 embarazos en adolescentes de 15 a 19 años en el departamento. La serie refleja una reducción sostenida, aunque el volumen continúa siendo elevado y mantiene al embarazo adolescente como uno de los principales desafíos de salud pública.
En
2020 se contabilizaron 1.596 embarazos; en 2021, 1.373; en 2022, 1.302; en
2023, 1.213; en 2024, 1.061 y durante 2025 se reportaron 968 casos. En seis
años, el promedio supera los 1.250 embarazos anuales, lo que significa que, en
promedio, más de tres adolescentes quedaron embarazadas cada día en Chuquisaca
durante ese período.
UNA
DISMINUCIÓN QUE NO ALCANZA
La
evolución de la serie muestra una reducción constante. Entre 2020 y 2025 los
embarazos adolescentes disminuyeron en aproximadamente un 39%, al pasar de 1.596
a 968 casos.
Sin
embargo, los especialistas advierten que la disminución no significa que el
problema haya dejado de ser una prioridad. Cada embarazo en la adolescencia
implica mayores riesgos para la salud de la madre y del bebé, además de
consecuencias sociales, educativas y económicas que suelen extenderse durante
años.
LOS
COLEGIOS SOLO VEN UNA PARTE DE LA REALIDAD
Mientras
el sistema de salud contabilizó 7.513 embarazos en adolescentes entre 2020 y
2025, la Dirección Departamental de Educación (DDE) registró 507 embarazos
entre estudiantes de educación regular durante el mismo período.
Las
estadísticas educativas muestran 91 casos en 2020, 75 en 2021, 69 en 2022, 117
en 2023, 78 en 2024 y 77 durante 2025.
La
diferencia entre ambos registros no constituye una contradicción. Ambos
sistemas observan universos distintos y cumplen funciones diferentes.
El
SNIS-VE consolida todos los embarazos de adolescentes de 15 a 19 años atendidos
por la red de salud, independientemente de si las jóvenes continúan estudiando,
abandonaron el colegio o nunca estuvieron matriculadas. En cambio, Educación
únicamente registra los casos de alumnas inscritas en unidades educativas.
En
otras palabras, las estadísticas escolares muestran apenas la parte visible del
fenómeno. La mayoría de los embarazos adolescentes ocurre fuera de los
registros del sistema educativo, porque muchas jóvenes ya habían dejado de
estudiar o nunca estuvieron matriculadas cuando enfrentaron la maternidad.
UN
PROBLEMA QUE GOLPEA MÁS AL ÁREA RURAL
Los
registros de la Dirección Departamental de Educación muestran que el 55% de los
embarazos estudiantiles ocurrió en el área rural, mientras que el 45%
corresponde a la ciudad de Sucre.
Otro
dato revela la dimensión social del fenómeno: ocho de cada diez padres de los
bebés también eran estudiantes, lo que refleja que, en la mayoría de los casos,
el embarazo involucra a parejas adolescentes que permanecían dentro del sistema
educativo.
CUANDO
EL EMBARAZO CAMBIA EL PROYECTO DE VIDA
Las
consecuencias aparecen mucho antes del nacimiento.
Durante
2025, el 10% de las estudiantes embarazadas abandonó el colegio, mientras otro
10% migró al sistema de Educación Alternativa para intentar concluir sus
estudios.
Las
autoridades educativas sostienen que el abandono escolar es más frecuente en
provincias, donde las posibilidades de apoyo institucional y familiar suelen
ser menores.
Verónica
recuerda que dejó de asistir a clases cuando su embarazo comenzó a hacerse
visible.
"Tuve
que abandonar por las miradas de mis compañeros. Incluso un grupo de mamás fue
al colegio para pedir que me expulsaran porque decía que era un mal ejemplo.
Cuando empezaron los vómitos y los desmayos, preferí no volver".
Estaba
en quinto de secundaria.
Eloísa
quedó embarazada antes de graduarse en 2022 y asegura que su vida tomó un rumbo
completamente distinto.
"Ya
no he seguido estudiando. Tal vez más adelante pueda hacer una carrera técnica,
como Enfermería".
Flora,
estudiante de un colegio de la periferia de Sucre, resume su experiencia con
una frase breve:
"Yo
no sabía; ahora tengo que asumir las consecuencias".
CUANDO
LOS PROFESORES TAMBIÉN CUIDAN BEBÉS
No
todas las historias terminan con la deserción.
La
profesora Evelyn recuerda el caso de una estudiante que estuvo a punto de
abandonar el colegio después de convertirse en madre. Para evitarlo, los
propios docentes organizaron turnos para cuidar al bebé durante las horas de
clase.
"Los
profesores se turnaban para darle la leche y cambiarle los pañales para que
pudiera terminar el colegio. Fue un gran esfuerzo, pero también una enseñanza
para todos".
Historias
como esta muestran que, detrás de las cifras, también existen redes de apoyo
que intentan evitar que la maternidad signifique el final de la vida escolar.
LA
FAMILIA, UNA PIEZA CLAVE
El
profesor Roberto considera que parte del problema tiene origen fuera del aula.
Explica
que numerosos adolescentes llegan desde las provincias para estudiar en Sucre
mientras sus padres permanecen en sus comunidades por razones laborales.
"Les
alquilan un cuarto, les dejan alimentos y viven solos. La falta de
acompañamiento familiar hace que muchos inicien relaciones de pareja a temprana
edad".
LA
PREVENCIÓN SIGUE SIENDO EL MAYOR DESAFÍO
La
psicóloga Gabriela Yáñez sostiene que las cifras muestran la necesidad de
fortalecer la educación sexual integral desde edades tempranas, abordando sin
prejuicios temas como el proyecto de vida, la responsabilidad afectiva, los métodos
anticonceptivos y los derechos sexuales y reproductivos.
Diversas
investigaciones internacionales concluyen que una educación sexual integral
basada en evidencia no adelanta el inicio de las relaciones sexuales; por el
contrario, ayuda a que los adolescentes tomen decisiones más informadas y
disminuyan el riesgo de embarazos no planificados.
La
especialista advierte que la mayoría de las adolescentes que enfrenta una
maternidad temprana carece de estabilidad emocional y económica para asumir esa
responsabilidad. Las consecuencias suelen extenderse durante años: aumentan las
probabilidades de abandonar los estudios, disminuyen las oportunidades
laborales y se profundizan los ciclos de vulnerabilidad que también alcanzan a
sus hijos.
Las
cifras muestran que Chuquisaca ha logrado reducir los embarazos adolescentes en
los últimos seis años. Sin embargo, 968 casos registrados solo en 2025
demuestran que la problemática sigue lejos de resolverse. Mientras cientos de
adolescentes continúan viendo alterado su proyecto de vida cada año, el desafío
permanece intacto: convertir la prevención en una política sostenida y
efectiva, antes de que las estadísticas vuelvan a traducirse en historias de
oportunidades perdidas.

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